Viernes 15 de Diciembre de 2017   |   Un día como hoy...

Partido de Lincoln | Buenos Aires

  Home

Contacto



Portada | Información general | Policiales | Opinión | Cultura y Educación | Deportes | Provincia | Nación | Sociedad

10-10-2017 - SOCIEDAD
Gonzalo Erize y la historia de Anabelle, la niña que pudo sonreír por primera vez



El joven linqueño, fundador de la organización “Saun Life”, contó cómo le había devuelto la vida a una pequeña filipina que había sido vendida por su madre a las mafias y que tenía una impresionante malformación en el cráneo y la cara. Hoy, con seis años, la nena va al colegio y lleva una vida normal.

El trabajo que realiza Gonzalo Erize por el mundo, a través de la organización “Saun Life”, lo ha llevado a convivir y a darles soluciones a chicos con gravísimos problemas de salud. De hecho, Saun, un pequeño de Laos, había sido quien le había dado inicio a toda la historia solidaria del joven linqueño.

Erize contó los detalles de uno de los casos más significativos con los que le ha tocado trabajar, el de Anabelle, una niña filipina esclavizada a la que él había ayudado a sonreír por primera vez.

El caso había sido posterior al de Saun pero anterior al de Noah, el último conocido, que ha sido evidenciado y seguido en las páginas de La Posta.

Con casi seis años, Anabelle ha atravesado un infierno. Vivía en la pobreza extrema, su madre la había vendido a la mafia y había sido explotada, aprovechando el hecho de que padecía una rara enfermedad genética. La historia de una nena que jamás se ha rendido y que hoy lleva una vida plena.

“Anabelle es una niña de cinco años que nació en Bacólod, una ciudad costera de Filipinas, a la que se conoce como ‘La Ciudad de las Sonrisas’. Pero, en su vida, como en la de su familia, esta expresión de alegría y de dicha no era algo común”, comenzó relatando Erize.

“Hija de un tercer matrimonio, la niña nunca llegó a conocer a su padre, quien está en prisión aún antes de su nacimiento por venta ilegal de drogas. La vida en su hogar no es sencilla. Comparte una pequeña habitación con seis hermanos, con quienes no tiene acceso a los servicios básicos, como el agua potable y el gas”, contó.

“A los dos años, la ya dura infancia de Anabelle tuvo un giro aún más trágico, cuando su madre la vendió por U$S100 a un grupo de traficantes. Fue obligada a pedir en las calles para solventar al sindicato que la mantenía cautiva. La despertaban por la mañana muy temprano y le pegaban con palos en la cabeza para que llorara. Luego la llevaban a alguna esquina populosa para que sus ojos hinchados en lágrimas conmoviesen aún más a los transeúntes. La fórmula de los criminales estaba probada por años de explotación infantil. Mientras más lástima generaba en la gente, mayor era el dinero que podían recaudar”, describió.

Erize continuó la historia y agregó: “Los criminales tomaron ventaja de su aspecto. La niña sufría el síndrome de Crouzon, una rara enfermedad genética (también llamada disostosis craneofacial congénita), que se caracteriza por malformaciones del cráneo -lo que limitaba el desarrollo del cerebro- y de la cara. Además, debido a la presión que ejercía el cerebro, sus ojos salían hacia afuera y no se cerraban ni siquiera al momento de dormir. Su existencia, inocente y joven, era un martirio, tanto en el exterior como en su interior, ya que sufría de manera permanente dolores de cabeza y de ojos”. “Estas características físicas hacían de Anabelle una de las preferidas del sindicato criminal que se aprovechaba de ella. Siempre estaba acompañada por una mujer que hacía las veces de ‘madre’ para el engaño, una mujer que la cargaba en sus brazos y que también vivía su propio infierno: había sido quemada varias veces para que generase mayor empatía. La pareja, madre e hija del horror, reunía grandes montos de dinero”, indicó.

“Anabelle fue rescatada en el año 2016 por la Kalipay Negrense Foundation, una organización que alberga a más de 200 niños rescatados de las mafias. Era la salvación dentro de un infierno que parecía extenderse cada vez más y que cada día arrebataba un poco más de sus sueños, de sus deseos y de sus ganas de vivir”, contó Erize. Posteriormente explicó: “Anna Balcells, su fundadora, es una mujer de aspecto erguido, palabras claras y una actitud decidida. En Filipinas es muy respetada por su extraordinaria labor solidaria. Se enfrenta a los peligros más grandes que alguien pueda imaginarse con tal de salvar la vida de uno de ‘sus niños’, como ella los llama. Cada vez que se produce un rescate, ella está allí para proteger a la criatura con sus propias manos, para arroparlos contra su cuerpo y para que sientan, luego de mucho tiempo, el amor de otra persona”.

“Este mismo año me encontraba trabajando en la fundación. Anna me pidió una reunión y, debido a mi historia con Saun en Laos, me encomendó la vida de Annabelle. ‘La vida de esta niña corre un grave peligro y el tiempo se le acaba’, recuerdo que me dijo con un tono triste, pero que guardaba un espacio para la esperanza”, añadió Gonzalo. En ese sentido amplió: “Las personas encargadas de su cuidado me contaban que se despertaba durante las noches a los gritos por las pesadillas de su pasado. Pero yo estaba ahí otra vez, listo para darle a Anabelle la oportunidad de una vida mejor, en la que pudiese jugar sin dolores y vivir dignamente. Porque ella es una niña alegre, que se ríe, te abraza y te habla con una ternura por la que es imposible no querer ayudarla. A pesar de haber atravesado un infierno, nada pudo destruir su esencia”.

“Cuando la vi por primera vez, sentí una profunda conexión con ella y su historia. La decisión de ayudarla ya era un hecho. Había que actuar. La niña necesitaba ayuda. El primer paso fue volar hasta la capital, Manila, para realizar los estudios correspondientes. Fueron días de pediatras, odontólogos y neurólogos. La respuesta era unánime: había que operar urgente”, recordó.

Antes, Anabelle debía llevar adelante un tratamiento dental, ya que su dentadura estaba completamente infectada, y, asimismo, tenía que subir tres kilos para afrontar el quirófano. “Me mantuve a su lado durante todo el proceso. Lo único que quería era regalarle a aquella niña, a la cual le habían robado su felicidad, la posibilidad de reír otra vez”, continuó Erize. Entonces rememoró: “Fue un proceso complicado, en el que el paso del tiempo era una amenaza constante. Pero todo el esfuerzo valió la pena. Anabelle salió con éxito de la cirugía craneal, lo que dio lugar a que su cerebro pudiera crecer. Se curó completamente y hoy conoce el significado de disfrutar, de divertirse… De vivir…”.

“Corre, juega y comenzó el colegio. Además ayuda en todos los quehaceres de la fundación, no sufre más dolores y, por primera vez, comprende lo que significa pensar a futuro. Parece un detalle pequeño, pero el solo hecho de hacer la tarea para el otro día (una actividad común para la mayoría de los niños) la motiva y le ilumina los ojos”, contó Gonzalo.

Por último agregó: “La historia de Anabelle puede parecer excepcional, pero no lo es. Cientos de miles, sino millones, de niños en el mundo son explotados y abusados y entienden la vida como una cárcel en sí misma”. “Ella tuvo una segunda oportunidad y todavía nos seguimos preguntando qué es lo que podemos hacer. Ya es momento de pasar a la acción. Hay muchas personas esperándonos. Hay muchas personas que quieren volver a reír”, concluyó.







Editor propietario Diego A. Falcinelli / B° Obrero C. 46 - (6070) Lincoln - Bs. As. / Tel. 02355-15456819 / 15472401
Edición N° 2821 - Registro de Propiedad Intelectual: 5314523 - lamarcadelincoln@yahoo.com.ar