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18-01-2013 - OPINION
Los carnavales de antaño y el recuerdo de Jauretche



Escribe: Prof. Bernanrdo Villaverde.

En su trabajo menos politizado , aparecido en el año 1972 , “De Memoria Pantalones Cortos”, Don Arturo Jauretche evidencio amor por su Lincoln natal , apelando al humor , contando anécdotas , desplegando un desfile de personajes que hace del libro un material de lectura por demás entretenido para grandes y chicos.
Jauretche narro el Lincoln de principios del siglo XX, transitando por una infancia plagada de momentos alegres que merecen ser recuperados por la memoria: “Feliz edad, pero también felices tiempos aquellos que con tan poco nos parecía tener tanto”.
Por aquellos tiempos divertirse no costaba tanto y no había necesidad de incurrir en grandes gastos para la diversión infantil, como en los tiempos actuales.
En esa infancia que vivió Don Arturo, en nuestro terruño había tres diversiones esenciales para los niños: las fogatas de San Juan y San Pedro en invierno; los barriletes; y cuando pasaba el tiempo de la barrileteada, venían los carnavales.
"El corso de mi pueblo era el escenario de amaneradas cortesías con que hombres y mujeres intercambiaban serpentinas y perfumadas varas de nardo (...) Veo destacarse las figuras de dos o tres cajetillas, comisarios de corso, sobre sus caballos con monturas inglesa (...) Pasan entre máscaras, comparsas y murgas, inspeccionando los carruajes, desde los breaks de las niñas de las estancias tirados por troncos de un pelo, a los sulkies y carretas de las chacras con sus modestos caballos de trabajo y sus aperos viejos y descoloridos, pero adornados con los más blancos plumachos de las cortaderas, seleccionados en el próximo bañado, frecuentemente teñidos de rojo, azul, verde y amarillo. Las familias conocidas del pueblo están en los palcos, entre todos estos, el más grande es el de la Comisión, que los aspirantes a premios miran de reojo al pasar queriendo adivinar, por la expresión de las caras de sus miembros, el futuro veredicto".
Esta es una breve descripción que realiza Jauretche de nuestros primeros carnavales y, también, nos deja recuerdos que sorprenderían a los jóvenes de hoy, recuerdos con agua: "el corso terminaba con el disparo de una bomba a las doce en punto (...) Terminaba el inocente juego de los pomos, de "las bellas porteñas", que era la marca más prestigiosa. Los que seguían se transformaban, aparecían baldes, jarras y globos de goma llenos de agua y las instalaciones técnicas como la bomba de patio agregada al barril -que había permanecido oculto bajo serpentinas durante el corso- empezaba a regar a todos con el chorro de una manguera".
Por último destaca a quienes, según Jauretche, les debemos el éxito de nuestros corsos: "La fama de los de mi pueblo proviene de los numerosos y excelentes carros carnavalescos que han resultado de la pasión y las técnicas de Pancho Gangoiti, que inició la combinación de poleas y ruedas articuladas con la de locomoción que da vida y movimiento a las partes, en conjunción con la posterior presencia en el pueblo de los hermanos Urcola, excelentes dibujantes y artesanos del papel maché que han hecho escuela, originando sucesivos expertos en la fabricación de figuras y motivos.




Bernardo Villaverde







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