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27-03-2013 - OPINION
Memoria para recuperar el deseo de defender nuestros intereses y nuestra libertad



(*) En la construcción de una sociedad es ineludible el tema de la historicidad, es decir, hacer que el presente forme parte de una historia común que nos ayude a organizar un proyecto de destino, que le dé sentido al transcurrir de nuestra vida.

 


Para organizar esta historicidad social que actúa como una trama de sostén, es necesario el recuerdo, la memoria social, institucional, familiar .Esta memoria que en nuestra Argentina estuvo por largo tiempo cerrada, reprimida.


El estupor de la mayoría ante la crueldad y la complicidad en otros, hizo casi interminable el silencio y nos obligo a construir un presente social a oscuras como si no fuera el resultado de una secuencia de acontecimientos.


El Golpe del 24 de marzo de 1976 y la Devastación a partir del programa de Martínez de Hoz, conforman el capítulo más siniestro en la continua ruptura histórica de los periodos democráticos en la Argentina.


La dictadura aniquiló la política como herramienta de transformación, hizo desaparecer una generación de dirigentes políticos e impidió el ingreso de nuevas generaciones.


El proceso de desindustrialización persiguió la doble estrategia del vaciamiento económico y la pérdida del colectivo como lugar común, la perdida de identidades e intereses comunes que en nuestro país se generaron históricamente a partir del trabajo.


Devastación económica, social, institucional, familiar


Dolor, muerte y silencio


Atemporalidad y fragmentación


Exclusión, concentración y entrega


Injusticia


Son algunas de las palabras que pretenden pero no alcanzan a dimensionar el daño que a los argentinos todos y a la Patria le hicieran los militares y civiles responsables del genocidio.


La recuperación de la democracia generó una gran movilización social en el sentido de participación en las calles y fue atisbo de la reconstrucción social colectiva.


Sin embargo, se fue desvaneciendo a medida que la democracia no podía avanzar en solucionar los problemas que el modelo económico liberal, impuesto en la dictadura, iba profundizando.


Es Néstor Kirchner, cuando llega a la Presidencia, quien le devuelve el sentido dorado a la política, ampliando derechos y realizando cambios estratégicos de impronta nacional y popular.


Hoy, nuestra Presidenta se enfrenta a la dura reacción de los sectores que pierden privilegios y más aun, debe enfrentarse con la hegemonía cultural de la dominación, que le ha robado a muchos el deseo de defender sus intereses y su libertad.


Su coraje, su convicción y el compromiso de miles y miles de argentinos con un futuro soberano, hacen que el desafío sea nuestra gran oportunidad.


 


(*) Por Andrea García - Diputada nacional del FpV


 







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